Pasear al perro puede ser ejercicio, un ritual social y una forma fiable de salir de casa. También puede volverse sorprendentemente difícil de supervisar. Empieza una llamada, una conversación absorbe toda la atención o varios perros se dispersan por el sendero. Cuando la persona vuelve a mirar, el perro ya ha desaparecido entre la vegetación, ha llegado a una valla o ha dejado excrementos junto a un camino concurrido.

Una persona atenta pasea con su perro cerca de ella por un sendero rural junto a un bosque y un pastizal.

Ese es el aspecto útil de una nueva investigación de la Universidad de Surrey: muchos problemas relacionados con los paseos no empiezan con dueños que quieren causar molestias. Empiezan con la atención dividida y con entornos que hacen más difíciles las decisiones responsables. El estudio registró excrementos no recogidos, perros que entraban en zonas sensibles y perros que se acercaban al ganado. También constató que la mayoría de las personas sí recogía los excrementos de sus perros. Esto importa porque la respuesta práctica no consiste en tratar a todos los dueños como descuidados, sino en hacer más fáciles de reconocer los momentos que exigen atención.

Para una persona corriente, el consejo es sencillo: considera la primera parte del paseo una zona de supervisión, lleva la correa a mano, permite que el perro vaya suelto solo cuando puedas verlo y llamarlo, y deja que las señales locales y las restricciones estacionales modifiquen el plan. Un paseo no tiene que ser rígido ni aburrido. Sí necesita que alguien preste atención justo cuando las decisiones del perro pueden afectar a otros animales, a otras personas o al propio perro.

Qué encontró realmente el nuevo estudio

Los investigadores de la Universidad de Surrey observaron a personas paseando con sus perros durante 40 horas en cuatro lugares de Surrey Hills: Puttenham Common, The Chantries y St Martha’s Hill, Norbury Park y Denbies Wine Estate. También organizaron un taller con 15 agricultores, responsables de terrenos, propietarios de negocios rurales y profesionales de la conservación. Fue un estudio pequeño y localizado, no una encuesta de todos los paseos ni una medición del comportamiento a escala nacional. Su valor está en mostrar cómo las rutinas normales pueden producir problemas previsibles.

Durante los periodos de observación, los investigadores registraron 11 ocasiones en las que no se recogieron excrementos. Los residuos se concentraban aproximadamente a entre 50 y 100 metros de los aparcamientos y junto a los caminos más transitados. El patrón encaja con un paseo habitual: el perro sale del coche, llega al sendero, hace sus necesidades pronto y la persona continúa sin darse cuenta. El problema no siempre es la falta de voluntad para limpiar. A veces la persona está mirando el teléfono, hablando con alguien, lleva auriculares o vigila a otro perro.

Los investigadores también vieron perros sueltos entrar en la vegetación, molestar a aves y acercarse al ganado. Los paseadores profesionales afrontan una dificultad adicional, porque una sola persona puede estar siguiendo a varios animales al mismo tiempo. El estudio informó de que la mayoría de las personas recogía de forma constante los excrementos y que algunas incluso recogían residuos dejados por otras. Ese detalle cambia el tono de la conversación. Pasear mejor no consiste principalmente en avergonzar al público, sino en reducir las situaciones en las que alguien tiene que tomar una decisión rápida mientras está distraído.

Los investigadores recomendaron colocar papeleras donde los perros suelen hacer sus necesidades, no solo en las entradas; crear zonas adecuadas para llevarlos sueltos, alejadas de hábitats sensibles; y usar mensajes breves en los cruces donde las personas deciden realmente si girar, soltar al perro o cambiar de dirección. La información estacional sobre las aves vulnerables que anidan en el suelo llamó más la atención que las instrucciones genéricas de llevar a los perros con correa, aunque el efecto parecía debilitarse cuando la gente se acostumbraba a ver los carteles.

Por qué el comienzo del paseo merece más atención

Muchas personas consideran que el aparcamiento o la acera frente al destino es la parte poco importante de la salida. En la práctica, a menudo es donde ocurre el primer fallo de supervisión. Los perros pueden hacer sus necesidades poco después de salir de casa o del coche. También pueden estar excitados, tirar hacia los olores, saludar a otros perros o buscar un lugar que explorar. La persona todavía está guardando las llaves, comprobando la ruta o saludando a sus amistades.

Haz que el tramo inicial sea deliberadamente aburrido. Mantén al perro lo bastante cerca para observarlo, guarda el teléfono hasta llegar a una zona tranquila y revisa el suelo antes de seguir. Si el perro se detiene, haz una pausa en lugar de continuar automáticamente. Lleva las bolsas en un sitio al que puedas acceder con una mano. Si no hay papeleras, lleva un recipiente o un método para transportar la bolsa hasta casa; dejarla junto al sendero para recogerla después es fácil de olvidar y puede crear un segundo problema.

Esta pequeña rutina también permite notar algo más que los excrementos. Puedes observar que tu perro está inusualmente rígido, no quiere avanzar, intenta orinar repetidamente, respira más de lo esperado o reacciona ante una superficie o un sonido concreto. Un paseo no es una exploración veterinaria, pero prestar atención aporta información. Los cambios repentinos de conducta, las molestias persistentes, una lesión, problemas respiratorios, una intoxicación o un perro que no come ni bebe requieren consejo veterinario, no alargar el paseo para comprobar si el problema desaparece.

Guarda el teléfono en los puntos de decisión

El objetivo no tiene por qué ser pasar una hora entera sin teléfono. Puede hacer falta para orientarse, atender una emergencia o responder a una llamada de trabajo. La regla más útil es identificar los puntos de decisión en los que la atención debe volver al perro. Incluyen salir del aparcamiento, acercarse a un cruce, entrar en un campo, pasar una curva sin visibilidad, aproximarse al agua, ver ganado, escuchar caballos o ciclistas y decidir si se quita la correa.

En esos puntos, deja de caminar un momento. Mira al perro, observa la ruta y decide qué nivel de control es adecuado. Si suena el teléfono en un sendero estrecho o cerca de animales, deja que salte el buzón de voz o ve a un lugar seguro sin separarte del perro. Si paseas con otra persona, acordad que quien esté más cerca del perro se ocupará de la decisión inmediata. Conversar no es el problema; el riesgo está en suponer que otra persona está vigilando.

Los auriculares requieren el mismo criterio práctico. Si los usas, mantén el volumen lo bastante bajo como para oír a un ciclista, un jinete, una advertencia o al perro moviéndose entre la vegetación. En un lugar concurrido o desconocido, escuchar con un solo auricular o no usar ninguno puede ser más seguro. La medida adecuada no es si te sientes relajado, sino si puedes detectar un cambio con suficiente rapidez para actuar.

Llevar al perro suelto es una posibilidad condicionada, no automática

Un perro no tiene por qué llevar correa durante cada segundo de cada paseo. Pero «ir suelto» debería significar algo más que verlo correr mientras su dueño espera que vuelva. Natural Resources Wales describe un control eficaz como mantener al perro a la vista y lo bastante cerca para que regrese cuando se le llama, llevar una correa corta para las situaciones en que haga falta y evitar que se acerque sin invitación a personas, caballos, ciclistas y otros perros.

Ese criterio resulta útil incluso cuando las normas locales son distintas. Antes de quitar la correa, hazte cuatro preguntas:

  • ¿Puedo ver al perro continuamente, incluso si pasa detrás de la vegetación o de una elevación?
  • ¿Volverá enseguida cuando lo llame, aunque vea a otro perro, un ave, un ciervo, un caballo o una persona?
  • ¿Hay espacio suficiente para ponerle la correa antes de llegar al ganado, una carretera, un sendero estrecho o una curva sin visibilidad?
  • ¿Las señales locales, las normas estacionales o las instrucciones del propietario del terreno exigen llevarlo con correa?

Si la respuesta a alguna pregunta es no, utiliza la correa o elige una zona más adecuada. Una correa larga puede ofrecer espacio para olfatear manteniendo una conexión física, pero hay que manejarla para que no haga tropezar a nadie, no se enrede en la vegetación ni cree un peligro para el perro. Es una herramienta de gestión, no una garantía de que cualquier entorno sea seguro para correr.

Practica la llamada de vuelta en lugares fáciles antes de confiar en ella al aire libre. Llama una vez, ofrece una recompensa que merezca la pena y evita repetir la llamada cuando ya sabes que el perro te ignorará. Si la señal se ha convertido en ruido de fondo, vuelve a distancias más cortas y a distracciones menores. Un perro que regresa con fiabilidad en el jardín puede tener dificultades frente a la fauna o el ganado. Consolida la conducta de forma gradual en vez de considerar permanente una sola llamada exitosa.

El ganado cambia el paseo de inmediato

Los animales de granja pueden resultar heridos o asustarse ante un perro que parece estar jugando. Una persecución puede empezar rápidamente y el perro quizá no entienda que esos animales no son un juego. También puede sufrir daños por un animal que se defiende, una valla, maquinaria agrícola o una persona que intenta intervenir a corta distancia. Las recomendaciones oficiales para el campo aconsejan mantener a los perros bajo control cerca del ganado, y algunas normas locales pueden exigir una correa corta en los campos o durante determinadas épocas.

El patrón más seguro consiste en ver al ganado antes que el perro. Detente, mira y escucha en la entrada del campo. Ponle una correa corta antes de acercarte a los animales, dales todo el espacio que permita la ruta y márchate tranquilamente si el lugar parece abarrotado o tenso. Sigue el camino señalizado, cierra las puertas tal como las encuentres y no permitas que el perro entre en los cultivos ni investigue maquinaria agrícola.

Si el ganado empieza a acercarse, no esperes a que aparezca una reacción dramática para cambiar de rumbo. Aumenta la distancia. Si el perro lleva correa y el ganado amenaza a la persona que la sujeta, las recomendaciones oficiales para el campo en algunas jurisdicciones aconsejan soltar al perro para que la persona pueda ponerse a salvo; en esa situación, las indicaciones locales y la seguridad inmediata tienen prioridad. Eso no significa soltar al perro como forma habitual de pasar junto a los animales. Significa reconocer que la correa puede convertirse en un peligro si la persona queda atrapada o cae al suelo.

Las normas varían según el país, la categoría del terreno y la estación. En Inglaterra, por ejemplo, las orientaciones gubernamentales para terrenos de acceso público indican que los perros deben llevar una correa corta cerca del ganado y entre el 1 de marzo y el 31 de julio, con posibles restricciones adicionales. Natural Resources Wales ofrece sus propias indicaciones estacionales y locales. Comprueba las señales del lugar en vez de suponer que se aplican las normas de un parque conocido.

La fauna no es solo lo que puedes ver

Un perro no tiene que atrapar a un animal para molestarlo. Correr entre la vegetación, espantar aves, investigar nidos o perseguir repetidamente un rastro puede consumir energía e interrumpir la alimentación o la nidificación. Las aves que anidan en el suelo son especialmente vulnerables porque es posible que ni el perro ni la persona vean el nido. Que no haya un animal visible no demuestra que la zona esté vacía.

Quédate en los caminos cuando así se indique, evita que el perro desaparezca entre la vegetación y toma en serio los avisos estacionales aunque lleves años visitando el mismo lugar. Un cartel que explica qué es vulnerable y por qué puede resultar más útil que una orden general. Si el perro se fija intensamente en un olor o empieza a escanear el entorno, llámalo antes de que acelere. Recompensa que se aleje y continúa.

No te acerques a crías de animales silvestres para que el perro las vea mejor. No permitas que investigue un animal que parezca herido. Mantén a personas y mascotas a distancia y contacta con el servicio local de fauna si hace falta ayuda. Los encuentros con animales silvestres pueden implicar enfermedades, progenitores defensivos o peligros ocultos. La curiosidad es comprensible; el acceso físico no es necesario.

Un plan práctico para los paseos de cada día

Puedes convertir la investigación en una rutina sencilla antes de salir. Comprueba si la ruta pasa por terrenos agrícolas, zonas de pastoreo, hábitats de nidificación, agua, carreteras o lugares con restricciones estacionales. Mete bolsas, agua adecuada para la salida, una correa que puedas alcanzar rápidamente y los datos de identificación del perro. Si el tiempo o el estado del perro han cambiado, acorta la ruta en lugar de intentar completar el plan original.

Al principio, mantén al perro cerca y vigila si hace sus necesidades. En los cruces, haz una pausa y observa antes de continuar. En los tramos abiertos, permite que olfatee y explore solo cuando esté visible y responda. Cerca de ganado, hábitats de fauna, carreteras, ciclistas, caballos, otros perros o zonas desconocidas, ponle la correa pronto. Al terminar, revisa las patas y el pelo para detectar problemas evidentes y toma nota de cualquier conducta inusual que continúe después del paseo.

Una forma útil de valorar una ruta es preguntarte si ofrece al perro una libertad adecuada, no la máxima libertad. Una zona vallada y tranquila puede ser mejor que un páramo hermoso pero sensible. Un paseo más corto con tiempo para olfatear puede enriquecerlo más que una ruta larga en la que pasa casi todo el tiempo siendo llamado para que se aleje. Una ruta predecible también ayuda a saber dónde están las papeleras, las curvas sin visibilidad y las entradas de los campos.

Qué hacer si el perro te ignora fuera de casa

No conviertas una llamada fallida en una persecución si puedes evitarlo. Perseguirlo puede hacer que la situación resulte emocionante y enseñarle que alejarse inicia un juego. Usa una voz tranquila, hazte interesante, aléjate si es seguro y emplea una señal conocida que tenga un historial de recompensas. Pide a las demás personas que dejen espacio. No permitas que el perro siga acercándose al ganado, a una carretera o a otro animal mientras pruebas distintas estrategias.

Cuando el perro esté seguro, revisa la situación en lugar de etiquetarlo como testarudo. La distracción pudo ser demasiado intensa, la distancia excesiva, la recompensa insuficiente o el perro ya estaba demasiado excitado. Practica con un educador que utilice métodos respetuosos si el problema se repite. Un profesional cualificado de la conducta también puede ayudar cuando el perro persigue fauna, reacciona con agresividad, entra en pánico cerca de otros perros o no puede manejarse con seguridad en espacios públicos.

Los cambios persistentes o repentinos de conducta pueden tener causas médicas, y el asesoramiento conductual no sustituye una exploración. Contacta con un veterinario si hay dolor, dificultad respiratoria, lesiones, intoxicación, letargo marcado, rechazo de comida o agua, vómitos o diarrea repetidos, o cualquier cambio brusco que te preocupe. La cuestión no es diagnosticar a partir de un paseo, sino evitar tratar un posible problema de salud como si fuera un fallo de adiestramiento.

Por qué importa una mejor infraestructura

Los dueños son responsables de sus perros, pero el diseño de un lugar influye en lo fácil que resulta ejercer esa responsabilidad. Una papelera en la entrada puede ser útil, pero el estudio constató que los perros suelen hacer sus necesidades más adelante. Un cartel oculto detrás de un tablón puede existir técnicamente y, aun así, no llegar a la persona en el cruce donde se toma la decisión. Una zona designada para llevar a los perros sueltos puede reducir los conflictos si se sitúa lejos de hábitats sensibles y se mantiene bien.

Por eso las conclusiones del estudio son más útiles que una simple orden de «ser responsable». Los gestores de los terrenos pueden colocar papeleras donde sea probable que se acumulen residuos, usar mensajes estacionales breves, marcar claramente los límites de las rutas y ofrecer espacios donde los perros hagan ejercicio sin entrar en zonas de nidificación o pastoreo. Los dueños pueden colaborar avisando a la autoridad correspondiente si las papeleras están llenas, las puertas dañadas o las señales son confusas. Si una norma no está clara, pregunta a nivel local en vez de adivinar.

Las personas que pasean también influyen en el entorno social. Deja espacio a otros perros y a otras personas. Llama al perro antes de que llegue a un desconocido, un niño, un corredor o un perro atado. Pide permiso antes de permitir un saludo. Un perro amistoso con la mayoría puede asustar a alguien, activar la reacción de otro perro o interferir con un animal de trabajo. La cortesía forma parte del control.

El objetivo es una libertad atenta

La conversación actual suele oscilar entre dos posiciones poco útiles: los perros deben poder vagar porque el ejercicio importa, o deben estar restringidos porque hay que proteger la naturaleza y el ganado. En la práctica, los buenos paseos necesitan movimiento y límites. Los perros pueden olfatear, explorar, jugar y ganar confianza mientras sus dueños siguen preparados para intervenir.

La nueva investigación de Surrey apunta a un cambio modesto con un efecto práctico importante: recuperar la atención en los momentos que cuentan. Vigila el primer tramo después del aparcamiento. Guarda el teléfono cerca de los cruces y otras decisiones. Lleva y utiliza bolsas para los excrementos. Ten la correa preparada. Trata las señales sobre ganado y fauna como información sobre el lugar, no como decoración. Decide cuándo soltar al perro según la visibilidad, la llamada de vuelta y las condiciones locales.

Ese enfoque protege algo más que el campo. Reduce la posibilidad de que el perro corra hacia un peligro, asuste a otro animal, moleste a un visitante o convierta una salida agradable en una emergencia. Un buen paseo no se mide por la distancia a la que el perro se aleja de su dueño. Se mide por cuánta libertad segura y tranquila puede admitir el conjunto del entorno.

Fuentes

  • Universidad de Surrey: «Los paseadores de perros distraídos podrían estar poniendo en riesgo a la fauna y al ganado, según un estudio».
  • Universidad de Surrey: informe del proyecto «Love dogs, love nature».
  • Natural Resources Wales: «The Dog Walking Code».
  • GOV.UK: «Open access land: management, rights and responsibilities».
  • nidirect: «The Countryside Code».