La buena noticia sobre la energía de la IA no es que el problema haya desaparecido. Es que ya hay mejores números para discutir sin consignas.

Our World in Data publicó el 20 de julio un análisis sobre centros de datos e inteligencia artificial, con datos de la IEA, Epoch AI, Google y otras fuentes. El resultado corrige dos extremos: un prompt corto no suele ser una catástrofe climática, pero los grandes data centers de IA sí pueden presionar redes locales, tarifas, agua y planes de energía limpia.

Centro de datos moderno conectado a una red eléctrica y fuentes de energía limpia con panel de medición

Según OWID, los data centers consumieron unos 485 TWh en 2025, alrededor del 1.5% de la electricidad mundial. Los centros enfocados en IA representaron unos 155 TWh, cerca del 0.5%. En el escenario base de la IEA, el total podría llegar a 945 TWh en 2030, cerca del 3%, con la mayor parte del crecimiento viniendo de instalaciones de IA.

El prompt no es toda la historia

Las estimaciones de una consulta textual simple convergen alrededor de décimas de Wh: Google habla de 0.24 Wh para el prompt mediano de Gemini Apps, Sam Altman mencionó 0.34 Wh para una consulta media de ChatGPT y Epoch AI estimó cerca de 0.3 Wh. Para un usuario común, eso es pequeño frente al consumo eléctrico diario.

Pero los contextos largos y las tareas agentic consumen más. OWID cita unos 2.5 Wh para 7,500 palabras, 40 Wh para 75,000 palabras y alrededor de 50 Wh para una petición agentic con reasoning. La conclusión no es culpar al usuario por cada pregunta, sino distinguir entre uso útil y automatización larga sin valor.

El punto crítico es local

La cuota global puede parecer manejable mientras una región concreta soporta una carga grande. OWID señala que en Estados Unidos los data centers usan cerca del 5% de la electricidad, y los de IA quizá un 2%. En Irlanda superan el 20% del consumo. Ahí aparecen los costos reales: red, subestaciones, agua, tarifas y fuente de energía.

Usuarios y empresas deberían pedir transparencia: región, intensidad de carbono, métricas de agua, horarios de carga y compra de energía limpia. Los gobiernos deben decidir quién paga las mejoras de red y cómo evitar que los costos se trasladen a vecinos sin beneficios claros.

Esto cuenta como buena noticia tecnológica porque mejores datos convierten una pelea moral en un problema de ingeniería y política pública. No es una solución completa, pero sí un mapa más honesto.